jueves, 27 de marzo de 2008

el hombre es un zoon de exclusividades

Dicen que existía un vagabundo que nunca había visto el sol. Sus pupilas solo eran diminutas bolitas negras en medio de un mar azul del que no tenia constancia. Un día vio una nueva realidad.

El crepuscular camino que lo llevaba hacia una nueva palabra, una nueva visión en la que nunca hubiere pensado o razonado, se hizo más largo de lo normal. Se encontró con piedras que nunca había visto, pero las ignoró, pasó por encima de objetos de gran utilidad para su extrema supervivencia,pero los pisó con ganas, e incluso su agudizado olfato llegó a activarse con un inmenso jardín. Estaba como puesto allí para él, tan artificioso y perfecto que parecía innegable, y que le alegraría la vista durante sus interminables tardes....quiero decir...espacio temporal que nunca consideró como tal. Ni lo miró.

Fue cuando llegaba al final, o para otros, principio de su nueva "realidad experimental" que se dio cuenta de que no lo podía ver. Esperó unos minutos, abriendo poco a poco sus inertes e inanimados ojos, pero no podía. Esperó horas, sintiendo un profundo dolor sobre los párpados que nunca fueron usados. Nada lo movería de la cercanía de aquél nuevo y supremo agasajo. Era único y aunque se podía imaginar que algo así tenía y debía de ser degustado por todo ser viviente, se pasó días o quizás meses entrenándose y mejorando su propia condición, de inferioridad frente al astro, para poder robárselo a los demás y acaparar en exclusiva su don.
Senso humano ello.

Hallado sobre frías y húmedas piedras, uno de las diminutas fuerzas que brotaban del ser supremo que tanto lo atraía llegó a quemarlo. Había perdido una concepción del tiempo que nunca tuvo. Intentó rogar algo, pedir ayuda, tenía afán de supervivencia, pero se dio cuenta de que nunca hablara con nadie, solo ruidos guturales salían de su boca. Fue cuando supo que nadie lo entendería, lo escucharía ni lo ayudarían. Era una luz demasiado fuerte para él, no estaba preparado para una aventura tan complicada. Había dejado atrás útiles objetos de supervivencia....ya no estarían; estaba acabado. Media vuelta y a seguir muriendo.

......


Un ojo se abría, la luz entraba por un resquicio de la entreabierta puerta. Por la ventana se podía vislumbrar el jardín igual de floreciente. Una mirada de reojo. Una blanquecina y tersa espalda semidesnuda seguía desprendiendo luz bajo las sábanas.

Despierto era inmune...y no se había quemado con el astro

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